Querido Reflejo...

(...) Se sentó en la alfombra de su cuarto, con la vista perdida en su reflejo en la ventana. Se veía ahí, tan fuera de sí, tan perdida y tan confundida. Abrazaba a la música como si fuera su psicóloga, aconsejándola a través del auricular. Cerró los ojos, aspiró un poco de cigarrillo, y largó el humo, observándolo detenidamente.

Lo quería, y lo quería mucho. Pero era tóxico y totalmente opuesto. Ella era blanco, él era negro. Ella era sí, él era no. Y ella estaba harta de esa estúpida creencia de que "los opuestos se atraen". Porque el ying-yang no son dos personas. Es una. Con su lado bueno, y su lado malo. Y es así. "Acéptenlo" pensó. Aspiró cigarrillo. Agarró el celular. Mensaje de él. Puso los ojos en blanco, y siguió en su mundo.

¿Qué hacer? Cuando se quiere, pero no hace bien. Cuando se está, y es por deber. Cuando, aunque existe el amor, por alguna razón no se quiere. 

Suena el celular.

Mensaje de ÉL. No sabía por qué, porque no eran nada... nunca había pasado nada. Pero ÉL le importaba. Lo quería por la forma en la que la hacía sentir. De repente, alguien en el cuarto le habló.

— No entiendo que otro pretexto estás  buscando. ¿Que arruine todo, otra vez, y tener más motivos para no quedar como una mala persona?

Era una chica igual a ella, un poco más pálida. Con ojeras, por el cansancio. Estaba sentada al lado de ella, pero un poco más lejos. Se movían a la par, con diferencia de palabras.

— No es por quedar como una mala persona. Es porque no quiero sentirme como si lo fuera...  — le respondió.

La muchacha largó la carcajada.

— ¿Ahora está mal pensar en uno mismo? — preguntó.
— Estaría siendo egoísta... me necesita.
— No es egoísmo, es amor propio. Él te necesita, pero vos necesitas ser feliz. 

Ella se quedó pensando, muda, mirando a la muchacha que había aparecido hacía poco menos de cinco minutos. El celular sonó... otra vez.

— Ahí tenes. Mirá el mensaje, a ver quien es.

Ella miró el remitente. Sonrió.

— Já, como se te nota. ¿Ves? Esa es la diferencia, entre la atención y la asfixia. Es una mínima línea, que al cruzarla, se vuelve una gran diferencia. Te conocés, te conozco — le dijo la muchacha.

Ella la miró, resignándose.

— Es una calesita de la cual, por alguna razón, no me puedo bajar — le dijo a la muchacha, con los ojos llenos de lágrimas.

— Corazón, cuando crezcas te vas a bajar. Las calesitas son para nenes. Ya estamos grandes para juegos, ¿no? Tener amor propio, no es ser egoísta. Es pensar en tu bien, en tu futuro. En lo que merecés. A veces, da la casualidad que se quiere lo que no merecemos. Ya la pasaste mal. ¿Qué estás esperando para dejar todo lo tóxico y darte cuenta que necesitas ser feliz? ¿Necesitas que te usen como lo hicieron?

Ella rompió en llanto. Sabía lo que era ser usada, confiar y que te rompan el corazón en pedazos como si fuera de papel. Estaba volviendo a equivocarse, y lo sabía. Pero era un círculo vicioso del cual no podía salir. Era adicta. Por alguna razón, no podía. 

— Llorar no sirve. En su momento, todo lo malo me tocó a mí. Me mirabas, me decías que me odiabas, que por mi culpa no te querían. Pero, ¿yo que puedo hacer? Sólo decirte lo que se ve. Estás eligiendo ser infeliz por un error. Estas eligiendo equivocarte. 

Volvió a sonar el celular. Ella lo agarró. Eran cuatro mensajes. Tres de el. Y uno de ÉL.

— No me quiere. Lo dejó en claro. O por lo menos, no nos queremos de la misma forma. Le importo, me importa. Solo que no es... igual. No es mutuo.

La muchacha puso los ojos en blanco, exasperada, como si estuviera escuchando pretextos de una nena de catorce años.

— Una vez leíste un libro, "Abzurdah". ¿Te acordás? Bueno. Te lo cito: "Aprendé a estar sola, nacemos y morimos solos". No se trata de uno o el otro. Se trata de lo tóxico, o vos. De amar, o amarte. El está, ÉL también. Te ayudan y aconsejan. Tal vez no de la mejor forma, tal vez no de la que querés... pero lo están. Lo triste es que, estás tan enfocada en que ÉL te quiera, que dejas de quererte. Dejá de buscar ayuda, y ayudate a estar bien, a ser feliz. Porque es hermoso cuando sonreís. Y capaz estás angustiada pensando que hacer, y lo dejás a ÉL sin esa sonrisa que es lo que más le gusta de vos. Y vos no lo sabes.

Ella se congeló. La muchacha tenía razón. Miró por la ventana, y al volver la vista, la muchacha se había ido. Sólo estaba su imagen ahí, en un cristal enmarcado. Se movía a la par, hablaba a la par. Sólo era su espejo. Su reflejo. (...)

Queridos Padres...

"No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos"
- Johann Christoph Friedrich von Schiller 


Creo que no van a saber de lo que hablo, a menos que hayan pasado por algo parecido.
Vengo a escribir ésto para desahogarme. Para, en algún momento, releer ésto y saber que pude superarlo, que pude crecer con todo esto a cuestas. Cualquier persona es libre de leerlo, sin juzgar.

Ésto empezó hace año y medio... por Marzo del año pasado (2014). Mi familia estaba en un momento económico bastante delicado (como de costumbre...) y, por dicho motivo, tuve que mudarme con mi papá. Desde ya aclaro que mi relación con el, nunca fue buena. Es una persona bastante... ¿intensa? Es irónico, porque llamarlo "intenso" es ser suaves. En fin...
Nunca nos llevamos bien. Pero, sacrificios, ¿saben?
Estuve desde el 26 de abril hasta el 25 de mayo con él, y les puedo jurar que nunca la pasé tan mal. Jamás en mi vida me sentí tan sola.
El 23 de mayo volví a mi casa, y no resistí el llanto. Quería volver a mi casa. A mi familia. Pasé el fin de semana y volví a lo de mi papá a buscar mis cosas. Cuando llegué, le planteé la situación, le pedí que entendiera que no era feliz, que no estaba bien. Discutimos, agarré mis cosas y me fui.

No tuve a mi papá desde ese 25 de mayo, hasta mediados de noviembre, cuando me citó para hablar. Fui y arreglamos las cosas. Días después lo llevaron al hospital por un problema de salud. Yo estuve para él como si nunca hubiese habido una distancia.

Hace aproximadamente dos meses, un miércoles, fui a visitarlo y a buscar una plata que tenía que darme. Llegué, y estaba mi papá borracho, tirado en mi cama. Entré, discutimos, peleamos, me gritó e insultó. Agarré la plata, y me fui llorando. Al día siguiente, me llegó su mensaje pidiendo disculpas.

El viernes siguiente fui a la casa a la noche. Para ambientarnos... su "casa" es un departamento. Que... no tiene mucho de departamento en realidad. Es un recibidor, donde hay una cama para mí, conectado a la cocina, un baño, y su cuarto. No hay calefacción. Solo un caloventor, el cual tengo prohibido usar.
 Hacían 8ºC aprox. Estaban todas las ventanas abiertas, y yo resfriada. Cuando llegué, lo primero que hice fue escuchar un reclamo por la hora a la que había llegado. Puse la mesa, y comimos. Hubo una discusión en el medio, unos golpes a la mesa y unas patadas al horno. Hacía un frío de morirse, más que afuera incluso. Otra discusión fue cuando me quejé de lo helada que estaba, y su respuesta fue: "En Bariloche también hace frío... así que andá ambientandote". Una hora después, estaba llorando en mi cama, sin que él supiera.

Al rato, se fue a lo del vecino a jugar a las cartas. Fue entonces cuando llamé a mi mamá para avisarle que me iba para casa, que me tomaba un auto y me iba de ahí.
Y así fue... sin que él supiera.

Desde entonces, volvió a borrarse, a excepción de un par de mensajes con insultos y alguna que otra amenaza.


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¿Por qué escribo esto?
Para que, aquellos que siempre se quejan de lo insoportables que son sus padres con que se cuiden, con que no tomen frío, con que vuelvan temprano... sepan lo feo y triste que es que una de las dos personas que (teóricamente) más te tiene que amar, no le importes. Y la bronca e impotencia que da cuando se lo contás a alguien cercano y te digan "Pero sí te quiere... pasa que se equivoca". No saben la bronca que da saber, vivirlo, sentirlo, y tener bien en claro que, en realidad, NO LE IMPORTAS. Porque un lazo de sangre, no significa nada. Porque hay gente que es resentida, que es mala, y que no sabe amar... seas el hijo, el padre, el abuelo o el nieto. Hay gente mala, y es así. Y les puedo jurar, que no hay nada más triste en el mundo que sentir el rechazo o el desprecio de alguien como tu mamá o tu papá. "La familia es lo primero. Tus padres son a quienes vas a recurrir cuando tu mundo se derrumbe. Son tu refugio" Y no lo son. Y se siente un vacío en el pecho que no se llena con nada. Porque da igual que estén juntos o divorciados, que sean adoptivos, que sean biológicos. No hay cosa como la caricia de una madre, o el abrazo de un padre.

A los que los tienen a ambos presentes, cuídenlos. Porque no hay nada, NADA más triste en el mundo, que no tenerlos. Porque todos sabemos que no sabemos lo que tenemos, hasta que lo perdemos. Que no se aplique acá.