Es cuando menos lo esperas que pasa. Cuando la vida te golpea demasiado fuerte, lo único que queres es empezar de nuevo y olvidar todo. Ser una persona diferente y seguir adelante. Aprendiendo a olvidar y a perdonar. O al menos queriendo llegar a eso. Pero te das cuenta que es imposible. Que el dolor que llevas dentro no se puede arrancar solo con decirlo, ni poniendo un límite de tiempo para que sane el alma.
Y es cuando comprendes eso que maduras y superas, de un momento a otro. Es irónico y estúpido, pero es real. Dicen que la aceptación es el segundo paso de la superación.. y es cierto. De repente miras fijo a un punto, sos sincero con vos mismo, y aceptas que no.. que no superaste absolutamente nada, que ese puto dolor sigue ahí, que estás frágil como un jarrón de porcelana, y que no olvidaste nada de lo que pasó. Y es que olvidar no es la solución a nada. RAS: Recuerda, Acepta, y Sigue. Es así, siempre.
Y en ese momento, cuando aceptaste todo y te das cuenta que no sos indestructible, es ahí cuando frenas un segundo y te das cuenta que en realidad si superaste la situación, solo con aceptar tu vulnerabilidad. A veces, intentando olvidar, solo mantenemos el recuerdo de eso que nos hizo tanto mal siempre presente. Y cuando dejas ir, notas que sos libre.. de alguna forma metafórica y figurativa. Hoy entendí, acepté y perdoné. Porque nadie cambia el pasado, pero si puedo forjar mi futuro. Y seguir con bronca y resentimiento, no.. yo no elijo eso. Y las lágrimas que ahora recorren mi cara no son de tristeza, sino de orgullo. Orgullosa de mi, de quien soy y de quien voy a ser. Por que se que voy a ser feliz.
Y en este preciso momento, lo soy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario