Habíamos quedado en vernos a eso de las siete. Eran las seis y cuarto cuando llegué a la estación de Burzaco. Tenía cuarenta y cinco minutos para llegar a la casa de Silvia. Estaba con el tiempo justo.
Quince minutos después llegó el tren. Me acuerdo perfectamente como era la estación en ese entonces: igual que ahora, aunque más limpia, y con menos olor a orín. Desagradable.
Cinco minutos antes de las siete, llegué a Constitución. No era tarde.. era TARDÍSIMO.
Apenas me bajé del tren, corrí por toda la estación buscando un teléfono público. Creo que debo haber sido el hazmereír de toda la estación. Por suerte encontré uno rápido.
Marqué el número de Silvia con toda rapidez, porque claro.. en ese entonces, no existían los celulares. Y si hubiesen existido, con lo inútil que soy yo para la tecnología, no hubiera aprendido a usarlos.
Después de un par de segundos, Silvia atendió del otro lado:
— ¿Hola?
— Silvia, — dije con tono agitado— ¿Pablo ya llegó?
— No, todavía no.. ¿por qué?
— Se me hizo tarde, estoy en Constitución, yendo a esperar el colectivo. Cuando vaya, avisale que me retrasé, que me espere abajo.
— Dale, no hay problema — y después colgó.
Un poco más aliviada, salí de la estación a esperar el colectivo, que llegó cinco minutos después.
Llegué a lo de Silvia, y para mi sorpresa, Pablo no estaba. Eran siete y cuarto, y ya tendría que haber llegado. "Se retrasó.." pensé. Aunque en realidad, el tráfico estaba bastante ligero, y él venía en auto. Pero eso no significaba nada, ¿o sí?
Llamé al interno de Silvia, y pasé al edificio.
Subí hasta su departamento en el ascensor, y Silvia me abrió. Me estaba esperando con una taza de café caliente. Hacía frío en ese entonces, y una taza de café venía bastante bien.
Charlamos un rato largo, pero yo le prestaba especial atención al reloj.
Se hicieron las ocho y media, y Pablo nunca llegó.
— Silvia, — dije con tono agitado— ¿Pablo ya llegó?
— No, todavía no.. ¿por qué?
— Se me hizo tarde, estoy en Constitución, yendo a esperar el colectivo. Cuando vaya, avisale que me retrasé, que me espere abajo.
— Dale, no hay problema — y después colgó.
Un poco más aliviada, salí de la estación a esperar el colectivo, que llegó cinco minutos después.
Llegué a lo de Silvia, y para mi sorpresa, Pablo no estaba. Eran siete y cuarto, y ya tendría que haber llegado. "Se retrasó.." pensé. Aunque en realidad, el tráfico estaba bastante ligero, y él venía en auto. Pero eso no significaba nada, ¿o sí?
Llamé al interno de Silvia, y pasé al edificio.
Subí hasta su departamento en el ascensor, y Silvia me abrió. Me estaba esperando con una taza de café caliente. Hacía frío en ese entonces, y una taza de café venía bastante bien.
Charlamos un rato largo, pero yo le prestaba especial atención al reloj.
Se hicieron las ocho y media, y Pablo nunca llegó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario