El Sábado siguiente, habíamos arreglado con Silvia y Diana, una amiga que teníamos en común, de ir a un boliche en Barracas. Sinceramente, no era mi ambiente. No se, no me sentía cómoda.
Estaba con Diana en un momento, y nos acercamos a la barra para tomar algo. Y enseguida me preguntó por qué tenía mala cara.
— La semana pasada fuimos con Silvia a Barobar — le expliqué— , y conocimos a un flaco. Pablo se llama.
— Ah sí, Silvia me contó. Alto y castaño. Me comentó que, cuando entraron al bar, ella lo fichó rapidísimo, pero que al final había pegado onda con vos o algo así, y que se iban a ver el Domingo. Silvia me dijo que te pasó a buscar por la casa, pero que vos no habías ido porque no estabas interesada, ¿puede ser?
Mi cara se transformó. La bronca me subió hasta la punta de la frente. No me quiero imaginar como la debo haber mirado a Diana. Me llevaban los mil diablos.
Le expliqué lo que en realidad pasó a Diana. Se quedó helada. Me dijo que Silvia siempre había sido así de.. envidiosa, por así decirlo. Con mala leche.
— Si fue el Sábado pasado, capaz fue hoy también. ¿Nos tiramos el lance? — me dijo.
Y bueno, fuimos. Total, ¿qué perdíamos?
Salimos del boliche Diana y yo, y nos tomamos un taxi hasta el bar. Llegamos, y Diana tenía razón: Pablo estaba ahí, sentado al fondo, con un jean y una campera de cuero. Me acuerdo que sentí alivio y miedo a la vez. Miento, no era miedo: era BRONCA. Terrible bronca. Bronca porque Silvia, la que yo había considerado mi amiga, había intentado joderme.
Caminé a donde estaba Pablo, y Diana me seguía el paso. Lo miré, y le dije si podíamos salir a hablar.
Le conté lo que pasó. Creo que, desde ese momento, le tuvo un desprecio especial a mi "amiga". No le cayó nada bien. Y tenía razón. Se había ido con el auto hasta la casa de Silvia a buscarme, y encima le miente. Que mina envidiosa.
Hablamos y arreglamos las cosas:
— Bueno — me dijo —, vos saliste y ahora te viniste hasta acá para encontrarme y hablar. Quedó todo claro, y quedó todo bien. Pero todavía tenemos una salida pendiente, así que llamá a tu amiga y vamos al boliche ese donde estaban.
Y allá fuimos.
Llegamos y fuimos directo a la barra. Estuvimos un par de horas mas en el boliche. Sonaba una canción, cuyo nombre debería acordarme, porque fue especial. Pero, ya saben.. muchos años.
Estábamos en el medio del lugar, cuando me abrazó y me dijo lo linda que estaba, y me besó. Y aunque es una historia de amor, la historia de MI amor, no voy a dar muchos datos de lo que se sintió ese beso, porque me parece demasiado cursi. Sólo voy a decir que se sintió como estar en el lugar más hermoso del mundo, ese lugar que te da paz y felicidad. Tú lugar.
Después, Pablo dejó a Diana en su casa, y a mí en la mía.
— Te paso a buscar por la facu el Miércoles — me dijo.
Le dediqué una sonrisa, me besó, y me bajé del auto. Tardé horas en dormirme esa noche, pensando en lo que había pasado.
Pero, si hay algo que nunca voy a poder olvidar, es la cara de Silvia cuando nos vio juntos. Pero en realidad, no me importaba mucho.. no me importaba para nada. Porque Pablo sabía la verdad. Porque nos habíamos besado.
Y Él quería volver a verme.
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