Página V.

Julio, 1979.

 Era un día más, completamente normal. Me levanté temprano para ir a la facultad. Me duché, me cambié, y me fui a la estación a esperar el tren.
Llegué al andén, con el walkman con el bolsillo, y prendí un cigarrillo. Ya habían pasado dos meses, y me había acostumbrado a que Pablo fuera lo primero que se me pasara por la cabeza. Lloraba cada vez que lo pensaba. Lloraba en la ducha, antes de dormir, mientras escuchaba música. No entendía nada, como de un día a otro, desapareció.
Cinco minutos después llegó el tren y me sacó del trance. Apagué el cigarrillo, y me metí en el vagón. Me acuerdo del insoportable dolor de cabeza que me nublaba la mente todo el tiempo. Entre los parciales, mi relación con mi papá (que en ese momento estaba bastante tensa), y la tristeza que me daba que Pablo se hubiese ido sin avisar, me explotaba la cabeza. En realidad, quería irme. Por lo menos un tiempo, y estar lejos de todo.
Llegué a Constitución y me fui para la facultad. En ese entonces, estaba en la facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, estudiando para la licenciatura en óptica. Ni me acuerdo que materias tuve ese día. Pero, aunque me sentía terrible, lo mejor que podía hacer era escuchar y tomar apuntes. Lo único que me faltaba era que me fuera mal en los parciales. Yo creo que ahí hubiese colapsado.

 El día se me pasó relativamente rápido. Creo que ese día me dí cuenta que, si prestas atención a lo que te están explicando, la clase te resulta más leve. Pero, en el momento en que salí del aula, se me empezaron a caer las lágrimas otra vez. Fui directamente al baño, me lavé la cara y me pinté un poco, para no tener tanta cara de demacrada. Tenía tantas ojeras que, si alguien se me acercaba, había más posibilidades de que me dieran una almohada o algo de comer, antes de preguntarme la hora. Nunca me había costado tanto dormirme como esos últimos dos meses. Me acomodé el pantalón. Las primeras semanas después de la de la "desaparición" de Pablo, prácticamente no comía. No porque estuviera en una huelga de hambre o algo así.. no era mi estilo. Pero, ese nudo en el estómago hacía que cada cosa que comiera, me cayera mal. Y pensar en eso, automáticamente me sacaba las ganas de comer.
 Por otro lado, siempre había tenido una buena relación con mi mamá. Era una confidente, y siempre le había contado todo de mí. Lógicamente sabía de Pablo, y sabía que se había ido. Pero, al igual que yo, estaba completamente desorientada. Veníamos bien, teníamos esa famosa "conexión" de la que todos hablan. Congeniábamos.. que se yo. Era algo bueno creo. Y un día, de la nada, nunca más supe nada. Como si la tierra se lo hubiese tragado.
 En fin, creo que cada vez que me acuerdo de eso, me agarra ese nudo en la garganta entre bronca y tristeza porque, en ese momento, no sabía por qué había desaparecido así.
 Me miré otra vez al espejo, y me acomodé el flequillo. Me arremangué un poco el sweater junto con la camisa, acomodé el bolso, y salí del baño.

 Estaba caminando por el pasillo, saliendo del edificio, y como si tuviera el cuerpo hecho de manteca, me aflojé y se me cayó el bolso y la carpeta que llevaba en la mano. Creo que, en ese tiempo lo había imaginado tantas veces ahí parado, al borde del cordón con el auto, que tardé en darme cuenta que esta vez no era una alucinación, no era el subconsciente que me engañaba. Era Él. Estaba ahí, sonriéndome, como si nunca se hubiese ido. Pero, no era así como me lo imaginaba. Estaba cambiado. Estaba flaco, flaquísimo, con ojeras, y el pelo corto. Extremadamente corto. Me habían lastimado a Pablo, a Mi Pablo.

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