Sonó el timbre, guardé el cuaderno en la mochila, y salí como un cohete del aula. Pasé al baño, lógicamente, para peinarme y lavarme un poco la cara. No era de las chicas que se maquillaban mucho, y hoy, no soy una de las mujeres que se maquillan. Un poco de base y fue. Bien natural, como siempre.
Salí de la facu y ahí estaba: apoyado en el auto, con las manos en los bolsillos, esperándome. Seguro que vio mi cara de estúpida mientras lo miraba. En serio, estaba muy enamorada de ese flaco.
Me acerqué y nos saludamos con un beso (En mi mente, te imagino leyendo esto y diciendo "Awww" en voz baja, ¿o no?). Muy lindo todo.
Fuimos a pasear un rato a una plaza cerca de ahí, y después a tomar algo a un bar. En serio, no me acuerdo cual era.
A eso de las nueve me dejó en casa:
— Te llamo en éstos días para salir, ¿si? —me dijo.
Y bueno, quedamos en que me llamaba en esos días. Le dí un beso, y me bajé del auto.
Entré a casa, me desvestí, y fui directo a la ducha. No había momento del día en el que no pensara en el. Creo que eso es lo mejor y peor del amor. Es hermoso saber que hay una persona por la cual darías tu vida, que te hace sentir bien, y por la que dejarías todo. Pero, es un poco enfermizo, ¿no?.. digo, tener la cabeza metida todo el día en alguien. Te vuelve estúpido. Y sí, es una sensación hermosa, de felicidad, satisfacción. Muchos dicen que se siente como "tocar el cielo con las manos", y no lo niego. Pero capaz que, si no viviésemos tanto en el cielo, y estuviéramos con los pies más en la tierra, aunque estemos enamorados, tal vez, Y SÓLO TAL VEZ, las relaciones durarían más. Porque, seamos realistas: un noviazgo del mundo real, no pega en un cuento de hadas. Y un amor de cuento de hadas, no pega en el mundo real. Hay cosas que encajan, y cosas que no.
Momento de reflexión. Capaz que dejé pensando a más de uno. Perturbo sus mentes a través de la pantalla.. mmm..
De vuelta al asunto.
Terminé de ducharme y me puse la remera que había usado durante el día, sólo porque tenía olor a su auto, olor a su ropa, olor a sus manos, olor a Pablo. Olor a Él. Me acuerdo como me dormí oliendo esa camiseta.
Y en ese momento, me sentía completa, como si fuera una princesa más de los cuentos, en un castillo de cristal. Era todo tan perfecto.
Y fue entonces, cuando mi castillo empezó a desmoronarse: Habían pasado tres semanas, y no había ni rastro de Pablo. Era como si nunca hubiese sido verdad, como si todo hubiera estado en mi cabeza. Estaba destruída. Lo extrañaba. Y él no aparecía.
Pablo era un recuerdo.
Fuimos a pasear un rato a una plaza cerca de ahí, y después a tomar algo a un bar. En serio, no me acuerdo cual era.
A eso de las nueve me dejó en casa:
— Te llamo en éstos días para salir, ¿si? —me dijo.
Y bueno, quedamos en que me llamaba en esos días. Le dí un beso, y me bajé del auto.
Entré a casa, me desvestí, y fui directo a la ducha. No había momento del día en el que no pensara en el. Creo que eso es lo mejor y peor del amor. Es hermoso saber que hay una persona por la cual darías tu vida, que te hace sentir bien, y por la que dejarías todo. Pero, es un poco enfermizo, ¿no?.. digo, tener la cabeza metida todo el día en alguien. Te vuelve estúpido. Y sí, es una sensación hermosa, de felicidad, satisfacción. Muchos dicen que se siente como "tocar el cielo con las manos", y no lo niego. Pero capaz que, si no viviésemos tanto en el cielo, y estuviéramos con los pies más en la tierra, aunque estemos enamorados, tal vez, Y SÓLO TAL VEZ, las relaciones durarían más. Porque, seamos realistas: un noviazgo del mundo real, no pega en un cuento de hadas. Y un amor de cuento de hadas, no pega en el mundo real. Hay cosas que encajan, y cosas que no.
Momento de reflexión. Capaz que dejé pensando a más de uno. Perturbo sus mentes a través de la pantalla.. mmm..
De vuelta al asunto.
Terminé de ducharme y me puse la remera que había usado durante el día, sólo porque tenía olor a su auto, olor a su ropa, olor a sus manos, olor a Pablo. Olor a Él. Me acuerdo como me dormí oliendo esa camiseta.
Y en ese momento, me sentía completa, como si fuera una princesa más de los cuentos, en un castillo de cristal. Era todo tan perfecto.
Y fue entonces, cuando mi castillo empezó a desmoronarse: Habían pasado tres semanas, y no había ni rastro de Pablo. Era como si nunca hubiese sido verdad, como si todo hubiera estado en mi cabeza. Estaba destruída. Lo extrañaba. Y él no aparecía.
Pablo era un recuerdo.
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